
No entiendo por qué la gente es tan reacia a volar con Ryanair. La verdad es que yo lo he hecho por primera vez tras dos intentos y sé que repetiré.
El primer intento, fallido, fue por culpa mía. Al sacar el billete resulta que me equivoqué y puse como Middle Name mi primer apellido, por lo que al imprimir la tarjeta de embarque sólo aparecían mi nombre y mi segundo apellido. No me dejaron cambiarlo, no me dejaron volar.
La segunda vez, escarmentado, saqué la tarjeta de embarque correcta y pude coger el vuelo, que es toda una odisea.
Digamos que es como un circo. Y paso a describirlo brevemente.
Primero uno llega al aeropuerto de Biarritz, pasa el arco de seguridad (como siempre, toca casi desnudarse, porque entre quitarse el cinto, los zapatos, etc…), luego ya se dirige a la puerta de embarque, que como es improvisada, pues la aduana consiste en una señorita (gendarme, of course) con una especie de mesita auxiliar en mitad de un pasillo que le pide a uno el pasaporte, lo mira y se lo devuelve. Muy casero. Entonces, tranquilamente uno pasa el embarque, y se sienta a esperar, cosa que hace todo el mundo.
Lo divertido de volar con Ryanair comienza entonces.
El avión llega y se coloca cerca de (que no en) la puerta de embarque, y empiezan a bajar los pasajeros que llegan.
En ese momento todo el mundo se levanta (queda más de media hora para embarcar) y se agolpa junto a la puerta. Esto sucede porque no hay asientos asignados y entonces el que primero llega elige sitio. Así que, plantados como imbéciles se ponen todos como locos durante media hora larga (y no, no es cierto que en Europa las filas se respeten…se hace al motrollón como aquí).
Luego, cual pistoletazo de salida abren las puertas y todo el mundo a paso ligero caminando por la pista hacia el avión. No sé, me venían a la cabeza imágenes de la San Silvestre, pero sin mallas, ni dorsales.
Habilitan escalerillas para acceder tanto por delante como por detrás del avión, pero curiosamente todo el mundo se agolpa en la de delante. Yo, intrigado, pregunté a una azafata si era posible entrar por la puerta de atrás, a lo que ella me responde que sí y que no entiende por qué nadie la está utilizando. Me dirijo a la puerta trasera y subo al avión, coloco mi equipaje de mano y elijo sitio en ventanilla.
Por supuesto detrás de mí vienen hordas que se dan cuenta de mi jugada, pero yo ya estoy en cabeza y escapado y llego a meta el primero.
Una vez acomodado, y viendo que viajo solo en mis tres asientos (a la ida) espero a despegar, presenciando antes una bronca entre una madre con dos bebés y una azafata.
La azafata de repente tras la bronca decide que hay que hacer sitio en los maleteros y empieza a coger chaquetas de la gente y a repartirlas sin ton ni son. En cuanto coge la mía, me levanto enfurecido y le digo que no la toque, que ya lo hago yo. Me la coloco sobre las piernas y me vuelvo a poner en posición de despegue. Despegamos y decido echar una cabezada tras sobrevolar las Landas.
15 minutos de cabezada porque viene el carrito ofreciendo algo de beber. Por supuesto de pago (500 ml de agua 3 euros… prefiero pasar sed).
Me vuelvo a colocar en disposición de dormir.
A los 5 minutos pasa otro carrito ofreciendo algo de comer.
Me vuelvo a poner en posición de dormir.
A los 10 minutos pasa un azafato con una bolsa de basura pidiendo basura para llenarla (Rubbish...Rubbish).
Me vuelvo a acomodar, esta vez sin demasiada intención de dormir.
A los 10 minutos viene un azafato ofreciendo “rascas”… “6 rascas por 5 euros, oiga!!”.
Me vuelvo a poner cómodo, aunque ya no tengo intención alguna de dormir, es más estoy expectante a ver cuándo aparece el funambulista, o bien las acróbatas o el payaso, porque esto parece un circo. Me empieza a resultar divertido.
Ahora tocan anuncios comerciales por megafonía.
Pasado un rato vuelve el de la basura pidiendo “basura” (Rubbish… Rubbish…).
Empiezo a estar convencido de que en breve saldrá un hombre tostado por el sol, en pantalón corto y con la camisa abierta hasta el ombligo, con un cubo en la mano con hielo y latas dentro y gritando “Hay coca colaaa, cervezaa, fanta naranjaaaaa, fanta limón….”
Pero parece que no, que en su lugar aparece al fondo el carrito, esta vez ofreciendo perfumes.
En estas el comandante (que yo me temo que es un cabo raso) anuncia que vamos a aterrizar y las del carrito empiezan, despendoladas, a moverse a cámara rápida, ofreciendo a diestra y siniestra (Parfums,parfums,parfums…. Casi sin respirar).
El aterrizaje… como el esperable dentro de la tónica (el del cubo también tendría tónica?), es decir, brusco. Y entonces, lo mejor.
Suena una especie de musiquilla de feria “TUTURUR´-TUTÚ!!!!!” como cuando se acaba el tiempo de la ficha de los autos de choque y la gente se pone a aplaudir.
Por supuesto, te dejan en mitad de la pista y hay que andar, entre pista y pasillos aproximadamente media hora hasta llegar a la salida (porque es más barato así)
Así que insisto, es maravilloso volar con Ryanair. Creo que sólo se me ha olvidado el azafato pasando con tarjetas de prepago para móviles. Pero bueno, la verdad es que en 105 minutos de viaje, ni siquiera a mí me daba tiempo a registrarlo. Quizá me deje algún otro.
La próxima vez, que la habrá, tengo que pedirles la marca de zapatos que usan a los vendedores de vuelo (porque auxiliar... poco, pero vender... jesús).
Porque si algo tengo claro, es que nunca en un vuelo, me lo he pasado tan bien.
Au revoire


